“Os recomiendo este taller de rebirthing con Ángeles Hinojosa, es una experiencia sanadora, luminosa, de crecimiento y amor por una misma. Yo lo hice embarazada de Alma (mi segunda hija) y me reconcilié profundamente con mi propio nacimiento, con mi madre y con mi niña”

Rescata a tu bebé
Somos conscientes desde hace años de que la forma en la que nacimos nos acompaña y está presente en todas las experiencias de nuestra vida. Todos habríamos necesitado tener un recibimiento amoroso y respetuoso.
A pesar de que lo que pasó no se puede cambiar, de que la experiencia que tuvimos es la que quedo registrada en nuestra mente y la que condiciona nuestra forma de ver la vida, sí podemos cambiar nuestra percepción sobre la misma, reconociendo lo que pasó y comprendiéndonos mejor delante de las situaciones y sentimientos, que muchas veces tenemos y que no sabemos cómo evitar.

Podemos hacer un trabajo para rescatar a ese bebé, recibirlo, acogerlo y cuidarlo de la forma que habría necesitado que lo hicieran en su momento.

¿Te atreves a cuidar a tu bebé interno?

Programa

1ª sesión: introducción al Rebirthing
¿Qué es la respiración consciente?.
¿Qué es y cómo se transforma un patrón de nacimiento?
¿Dónde están guardadas las memorias ?
2ª sesión: tu concepción y fecundación
La forma en la que te concebiste es influyente en tu vida.
¿Sabes si fuiste bien recibido o una carga para tus padres?
Tus memorias de aceptación o rechazo en esos momentos están influyendo cada día en tu vida.
3ª sesión: tu gestación
Los nueve meses que pasaste en el útero estuvieron repletos de sensaciones y emociones que te dejaron registros importantes.
Con las experiencias que viviste en el vientre de tu madre, construiste tu forma de ver la vida.
4ª sesión: tu nacimiento
Ese día, es el del gran cambio para todos los seres que vienen al
mundo. La forma en la que se desarrolla nos deja un registro
imborrable de cómo el mundo nos recibe.

Así nacemos así vivimos

Imágenes impactantes de dos recien nacidos. El primero es un niño de ojos vivísimos, manojo de instintos, intentando reptar por el vientre aún hinchado de la madre hacia el pecho que no tardara en succionar, como si viniera con la lección aprendida. El segundo es un bebé ausente, sin reflejos de ningún tipo, ajeno a todo tipo de estímulos e incapaz de sacarle jugo al pezón que una y otra vez escapa de su boca. El primero es un niño nacido por parto natural; el segundo ha venido a este mundo por el trance de la epidural. Tuvimos la oportunidad de ver y comparar los dos vídeos en Nueva York, durante la conferencia El Arte del Nacimiento. Como telón de fondo, la voz de Súzanne Arms, autora de “Inmaculada Decepción”, una de las más conocidas activistas del parto natural en los Estados Unidos. Para Suzanne, ese contraste brutal entre los dos recien nacidos es una metáfora de la vida misma. Así nacemos, así vivimos. La primera impresión del mundo es la que cuenta, y si llegamos “anestesiados”, nuestra percepción de las cosas sera obviamente muy distinta. Suzanne, que acepto en su día la epidural sin conocer los riesgos (más de un año tardaron en remitir los dolores de espalda), enfrenta también a los dos modelos de madre. A un lado, la mujer dócil y sumisa, que prefiere claudicar en su ignorancia y rendirse incondicionalmente ante los “expertos”. Al otro, la mujer fuerte y consecuente, dispuesta a tomar el control de su propio cuerpo. más que de parto natural, Suzanne prefiere hablar de “nacimiento normal”, pues así debería ser al menos en nueve de cada diez alumbramientos: “La mujer, en un entorno familiar, asistida por su comadrona y con el soporte físico y emocional de su marido y otras personas de confianza”. Lo “anormal”, según Súzanne, es la hospitalización sistemática, el protagonismo del médico, el recurso abusivo a la epidural, la episiotomía, el forceps, la cesárea y otras intervenciones que a menudo dejan una huella traumática en la madre y también en el niño. Cuando la sanidad oficial bendice la anestesia epidural, habla siempre de las incontables ventajas y minimiza todo lo posible los efectos secundarios en las madres. Nadie parece reparar en los niños. La polémica se zanja con un concluyente “no se han detectado efectos perjudiciales inmediatos sobre los recien nacidos”. Y sin embargo hay estudios desde 1981 que demuestran que los niños expuestos a anestesia son más insensibles a su entorno, pueden sufrir efectos adversos sobre la organización motoral, tener disminuidas las capacidades visuales y de vigilancia, padecer fiebres y taquicardias, ser incapaces de succionar… No hay estudios fiables sobre lo que pasa después de las seis primeras semanas, pero basta con comparar las imágenes de los dos niños para augurar lo que les espera en vida. Así nacemos, así vivimos… Venimos al mundo por la vía tecnológica (servidor, por cesárea) y nos pasamos media vida “anestesiados”. Tardamos años, muchos años, en romper el saco amniótico y en hacernos “sensibles al entorno”. Nuestras vidas acaban siendo simples prolongaciones de un parto “monitorizado”. Afortunadamente, hay otra manera de nacer, otra manera de vivir. Quienes hayan palpitado con un alumbramiento natural saben a que me refiero. Hay en estos pequeños seres una luz cegadora, un espíritu envidiable e indeleble que no tardara en dar sus frutos.
Carlos Fresneda

Tomar conciencia de como ha influido en tú vida la forma en que naciste, te permite entenderte y entender mejor el comportamiento de cada una de las personas que te rodea.

Trabajar descubriendo y reparando tus memorias, te permitirá encarar la vida con más permisibilidad hacia ti y hacia los demás.
Ángeles Hinojosa